¿En qué momento esta veneración ante la energía poderosa de la mujer se volvió deseo de exterminio? En este país de impunidad, la respuesta más simple podría ser: “Las matan porque pueden y porque no hay castigo para expiar la culpa”.
Atenea, un dolor de cabeza
Alondra tocó fondo en soledad para renacer, para impulsarse con todo su ser hacia arriba, para librarse del fango y dar una rabiosa bocanada de aire que la devolviera a la vida.