La escritura en la salvación de lo numinoso

Sin duda, la violencia ejercida contra las mujeres debe obligarnos a replantear nuestro presente. Inaugurando esta sección, tres voces femeninas se alzan, solidarias, contra la violencia. Dolidas, pero aún con optimismo, escriben porque saben que lo mejor está por venir. En esta ocasión presentamos un ensayo literario de la filósofa Claudia Vázquez donde compara algunas cosmogonías indígenas para interpelar el feminicidio como un acto de barbarie.

Claudia Vázquez

Son diversas mitologías mesoamericanas en las que se encuentra la divinidad en femenino. A ésta se le atribuyen poderes sexuales sobrenaturales. Recuerdo lo que refiere Félix Báez Jorge en su publicación “Las seductoras macabras (Imágenes numinosas de la sexualidad femenina en Mesoamérica)”, sobre las distintas personificaciones en las que se encarna a la diosa de la fertilidad, la sexualidad, la madre tierra; conceptos todos relacionados con la vida pero también con la muerte. Su nombre puede ser X-tabai o Ix Chel, en maya; Yeguatzíhuatl, en tzotzil o Xochiquétzal en náhuatl. Y como ellas, se sabe de deidades femeninas en Veracruz, Oaxaca, Durango o en el centro del país. En todos los casos coinciden los mitos y las leyendas en la belleza perturbadora y sobrenatural de la mujer que seduce a los hombres y los castiga, ya sea por infidelidad hacia sus mujeres o por despecho ante el rechazo a la mujer fantasmal que los intentó cautivar.

Antropólogos del siglo pasado, como Brinton (Foster 202,203), han traído hasta nuestros días relatos como el de X-tabai, mujer de cabello largo y hermoso que vive oculta en los bosques. Ella, al ser acechada por algún cazador, huye sin prisa, de manera insinuante y se deja alcanzar. Cuando el cazador trata de apresarla, ella se convierte en un arbusto con espinas y garras. Aun cuando el hombre logre escapar, muere al poco tiempo. Nos refiere Basauri (Tojolabales, tzentales y mayas. Breves apuntes sobre antropología, etnografía y lingüística 149) que el origen del mito data de tiempos remotos, cuando una hermosa princesa maya enamorada de un apuesto guerrero, al no ser correspondida, antes de morir pidió a dios le concediera el poder de la venganza sobre todos los hombres, por el sufrimiento ocasionado por aquél.

En todos los casos coinciden los mitos y las leyendas en la belleza perturbadora y sobrenatural de la mujer que seduce a los hombres y los castiga.

Gossen, otro antropólogo, documentó una versión de los tzotziles de hace alrededor de 500 años, acerca de una mujer, Yeguatzíhuatl, quien estando a punto de consumar el acto sexual con el hombre al que había seducido, se convirtió en serpiente. El hombre, asustado, le dio muerte y la enterró. Al otro día, encontró a la mujer en donde había enterrado a la serpiente. La mató también y la enterró en el mismo lugar. Días después fue atacado por muchas serpientes cerca de donde había enterrado a sus víctimas.

El arquetipo de mujeres como X-tabai o Yeguatzíhuatl comparten la propiedad de ser seres numinosos, entendido el término como lo aborda Rudolf Otto (Lo santo: lo racional y lo irracional en la idea de Dios). Es decir, su presencia es desconcertante, se rebelan como otro radical, tremendo y fascinante, imposible de poseer. Podría inferirse, por su mitología, que los pueblos mesoamericanos profesaban fervor por la mujer: madre, amante, diosa fértil, dadora de vida. Idea que al fusionarse con la religión católica fue aprovechada para introducir la imagen de María-Tonantzin.

Su presencia es desconcertante, se rebelan como otro radical, tremendo y fascinante, imposible de poseer.

Si las culturas originarias que poblaron estas tierras tenían en tan alta estima la figura femenina, ¿cómo explicar, entonces, la escalada, que pareciera no tener fin, de mujeres asesinadas a manos de hombres, en la mayoría de los casos, cercanos a ellas? ¿Cómo entender cifras como los casi 1000 feminicidios en México con los que cerró el 2019?  ̶ según datos oficiales de la SSPC, que pueden ser menores a los reales. Tan sólo en el estado de Puebla, siguiendo a la misma secretaría, en 2019 los feminicidios aumentaron en un 176%, aun con la alerta de género.

¿En qué momento esta veneración ante la energía poderosa de la mujer se volvió deseo de exterminio? En este país de impunidad, la respuesta más simple podría ser: “las matan porque pueden y porque no hay castigo para expiar la culpa”. Sin embargo, si se busca una respuesta menos inmediata, se podría pensar en la idiosincrasia: “la cultura mexicana es machista”.  Mirando hacia atrás en el tiempo, se encuentra el momento de fusión de  la tradición judeocristiana con los mitos y leyendas referidos. Dicho pensamiento, base de la religión católica, considera demoniaco el exceso de erotismo y sexualidad de las deidades femeninas. Tras la endoculturación religiosa, el poder dador de vida de las diosas prehispánicas se reduce a las vírgenes de inmaculada concepción. ¿Qué tan significativo es el pensamiento judeocristiano, machista sin duda, en la degradación divina de la mujer? No afirmo que sea este pensamiento el único factor en la sociedad misógina actual, pero sí es un elemento decisivo en el sincretismo inacabado en el que la mujer ha pasado de sujeto a objeto.

¿En qué momento esa veneración ante la energía poderosa de la mujer se volvió deseo de exterminio?

Si se ensayara una hipótesis en el mismo plano del mito primario prehispánico ¿Es acaso esta violencia encarnizada en México en contra de sus mujeres un acto de venganza que opera a nivel mitológico? Parecería que, así como X-tabai maldijo a los hombres, quizá alguna víctima de estas doncellas haya pedido en revancha el castigo para quienes siglos después poblarían estas tierras. Es claro que la hipótesis circula fuera de los márgenes de la racionalidad, como así lo hace la espiral de muerte que no tiene una explicación racional, en un país en el que mueren 10 mujeres diariamente  ̶ de acuerdo con la ONU.

Sería injusto aceptar tajantemente la hipótesis propuesta y consignar la muerte de uno u otro género como venganza dentro un determinismo histórico. De entre los mitos de las seductoras macabras, existe una versión en el Istmo de Tehuantepec, atribuida a los huaves. Tienen la cosmovisión de la mujer nagual, poderosa y seductora. Sin embargo, en esta historia ella encuentra en el hombre-armadillo a un contrincante con el que libra una batalla, y al ser vencida, lo escoge como su amante. Esta narrativa ofrece una idea conciliadora en la relación hombre-mujer en la que sus poderes encuentran un equilibrio.

En una sociedad que pretende ser civilizada, podría cuestionarse si la vida de pareja tiene que ser necesariamente una relación de poder, al menos simbólico. Si es así, habría que aspirar a que, como en la leyenda del hombre-armadillo y la mujer nagual, los poderes se equilibren. Sin embargo, comúnmente se observa un campo de fuerzas, que desemboca en la dominación violenta de la pareja  ̶ generalmente la mujer.

Se registran 300 mil llamadas de auxilio en los números 911 de emergencia, tipificadas como “violencia contra la mujer”, de los cuales cerca de 200 mil se identifican como “violencia de pareja”. La información dada se complementa con los datos que arroja la ENDIREH (Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, INEGI) en 2016: el 66.1% de las mujeres encuestadas han sufrido algún incidente de violencia a lo largo de su vida.

Los mitos de las mujeres prehispánicas con poderes sobrenaturales, al ser asociadas con la sexualidad y muerte no se integraron a la religión católica. Para la Iglesia, heredera de la rigidez teológica de la Edad Media, la imagen de la mujer que desborda erotismo era objeto de sanción. La idea que funcionó como contrapeso fue la exigencia de la virginidad y con todo rigor se fomentó la continencia sexual femenina. Hasta nuestros días llegan tales aspiraciones que imponen roles de género y castigan a quienes no cumplen con ellos. Las imposiciones sociales o morales atrofian la vitalidad humana por la que dos seres se sienten naturalmente atraídos. Si la presencia numinosa del otro que fascina no conduce hacia la rendición afectiva, sino lleva al más fuerte o poderoso a buscar la posesión sin límites, sobreviene la violencia.

Tal vez respecto a los feminicidios en México, no haya leyenda que conjure la desgracia de sus mujeres, que resuelva, al menos simbólicamente, el trauma por tanto dolor infligido. Puede que sea inútil buscar alguna fabulación, mito o leyenda que guíe por dónde desarticular la violencia, o, al menos, que la explique. Quizá la salvación de la mujer en los mitos era su naturaleza esquiva, misma que era protegida mediante la transfiguración.

Los mitos de las mujeres prehispánicas con poderes sobrenaturales, al ser asociadas con la sexualidad y muerte no se integraron a la religión católica.

Si la leyenda se narrara en términos actuales, se podría pensar que una forma de resistencia feminista es reinventarse a través de escribir la propia historia. Rescatar lo numinoso para reivindicar la condición de la mujer, no por lo que hace, ni por quién es, sino porque es. A partir de la escritura, alzar la voz las veces que sea necesario, hasta que resuene en la conciencia de una sociedad que ha callado, omitido o abusado.

Referencias

Báez-Jorge, Félix. «Las seductoras macabras (Imágenes numinosas de la sexualidad femenina en Mesoamérica).» La palabra y el hombre 84 (1992): 5-28. Digital.

Basauri, C. Tojolabales, tzentales y mayas. Breves apuntes sobre antropología, etnografía y lingüística. México: Talleres Gráficos de la Nación, 1931.

Foster, G.M. «Sierra Popoluca Folklore and Beliefs.» American Antropology and Ethnology 42.2 (1945): 175-250. Digital.

Otto, Rudolf. Lo santo: lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Madrid: Editorial Alianza, 1980.


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